"Antes tenía más ganas..."

"No sé qué me pasa..."

"Lo amo, pero no tengo ganas de tener relaciones."

Si alguna vez pensaste alguna de estas frases, no estás sola.

Muchas mujeres sienten, en algún momento de su vida, que el deseo sexual disminuyó o incluso desapareció. Y lo primero que suele aparecer es la culpa.

"¿Será un problema mío?"
"¿Ya no lo quiero?"
"¿Hay algo que está mal en mí?"

La buena noticia es que, la mayoría de las veces, la respuesta es no.

El deseo femenino no funciona igual para todas las mujeres

Durante muchos años se creyó que el deseo sexual aparecía de una sola manera: primero sentías ganas y después llegaba la excitación.

Hoy sabemos que eso no siempre ocurre así.

La sexóloga canadiense Rosemary Basson, una de las investigadoras más reconocidas en sexualidad femenina, explicó que muchas mujeres experimentan lo que se conoce como deseo responsivo.

¿Qué significa esto?

Que el deseo muchas veces no aparece primero.

Puede despertar después de una caricia, una conversación, un beso, un momento de intimidad o simplemente cuando la mujer logra relajarse y conectar con el presente.

No significa que tenga menos deseo.

Significa que, en muchos casos, el camino para llegar a él es diferente.

Vivimos pensando en todo... menos en nosotras

Hacer las compras.

Llevar a los chicos.

Responder mensajes.

Trabajar.

Organizar la casa.

Acordarse del turno del médico.

Preparar la comida.

La famosa carga mental ocupa un lugar enorme en la vida de muchas mujeres.

Y cuando la cabeza está resolviendo veinte problemas al mismo tiempo, resulta muy difícil hacer espacio para el erotismo.

El deseo necesita presencia.

Y estar presentes se vuelve complicado cuando vivimos corriendo detrás de las obligaciones.

El estrés también afecta la sexualidad

Cuando atravesamos períodos de estrés, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol, que nos ayudan a enfrentar situaciones difíciles.

El problema es que, cuando ese estrés se vuelve constante, el organismo prioriza sobrevivir antes que disfrutar.

Por eso muchas mujeres dicen:

"Llego a la noche agotada. Lo único que quiero es dormir."

No es desamor.

No es falta de atracción.

Muchas veces es simplemente agotamiento físico y emocional.

Las hormonas también cuentan su historia

El deseo sexual puede cambiar a lo largo de la vida.

Durante el ciclo menstrual.

Después de un embarazo.

En la lactancia.

Durante la perimenopausia y la menopausia.

Todos estos momentos producen cambios hormonales que pueden modificar la lubricación, la sensibilidad y las ganas de tener relaciones.

Eso no significa que el placer desaparezca.

Solo que el cuerpo necesita adaptarse a una nueva etapa.

La rutina también tiene mucho que decir

Con el paso del tiempo es normal que la novedad disminuya.

Y nuestro cerebro ama la novedad.

No hace falta hacer cambios extremos.

A veces alcanza con regalarse un momento diferente, salir de la rutina, apagar el celular o simplemente volver a priorizar ese espacio de intimidad que muchas veces queda último en la lista.

No estás "rota"

Uno de los errores más comunes es pensar que perder el deseo significa que algo dejó de funcionar.

Pero el deseo no desaparece porque sí.

Generalmente está intentando decirnos algo.

Que estamos cansadas.

Que estamos estresadas.

Que necesitamos más tiempo para nosotras.

Que nuestro cuerpo está atravesando cambios.

O simplemente que necesitamos vivir la sexualidad desde otro lugar.

Escuchar esas señales suele ser mucho más útil que exigirse "volver a ser como antes".

En la próxima parte...

Hasta ahora hablamos de todo lo que ocurre dentro de una mujer.

Pero existe otro factor igual de importante y del que casi no se habla.

¿Cómo influye la relación de pareja en el deseo sexual?

¿Importa la forma en que nos hablan?

¿Las discusiones pueden hacer desaparecer las ganas?

¿Por qué para muchas mujeres es tan difícil conectar con el deseo después de un conflicto?

 

De eso vamos a hablar en la segunda parte de esta serie.